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Tulipanes, el inicio de un romance

La palabra «tulipán» proviene del vocablo turco otomano tülbend que, a su vez, proviene del término persa dulband. Ambas palabras significan ‘turbante’ y hacen referencia a la forma que adopta la flor cuando está cerrada. Tulipa es un género de plantas perennes y bulbosas perteneciente a la familia Liliaceae, en el que se incluyen los populares tulipanes, nombre común con el que se designa a todas las especies, híbridos y cultivares de este género. Tulipa contiene aproximadamente 150 especies e innumerables cantidades de híbridos y cultivares conseguidos a través de mejoramiento genético que los floricultores fueron realizando desde el siglo XVI. El principal país productor de bulbos de tulipán son los Países Bajos, país que concentra el 87 % del área mundial, la cual es de aproximadamente 12 000 hectáreas.

 

Son plantas herbáceas y bulbosas. Los bulbos son truncados basalmente y elongados hacia el ápice, cubiertos por una túnica usualmente pilosa por dentro. El tallo es simple (ocasionalmente ramificado) y subterráneo en su porción basal. Las hojas son basales y caulinares, espaciadas o más o menos arrosetadas, lineales, aovadas o lanceoladas. Las flores son actinomorfas y hermafroditas, erguidas o, más raramente, péndulas; y se hallan dispuestas en número de 1 a 3 en la extremidad de los tallos floríferos. El perigonio es anchamente infundibuliforme o acampanado, compuesto de tépalos libres, subiguales, generalmente anchos e imbricados, coloreados, frecuentemente con un diminuto mechón de pelos blancos en el ápice. El androceo está formado por 6 estambres, inclusos, con los filamentos aplanados y las anteras oblongas. El ovario es súpero, trilocular, pluriovulado. El estilo es columnar o muy corto, el estigmas es trilobado. El fruto es una cápsula loculicida, pluriseminada. Las semillas son usualmente planas, subdeltoideas.

El centro de diversidad del género se encuentra en las montañas Pamir e Hindu Kush en las estepas de Kazajistán, encontrándose distribuido por Oriente Medio, Irán y Afganistán particularmente, hacia la península de Anatolia, Europa del Sur y norte de África, por el Oeste, y hacia el noreste de China, por el Este. Los tulipanes se cultivaron como plantas ornamentales desde principios del siglo XI en Anatolia. Desde esta región e Irán provendrían los bulbos tomados por el toledano Ibn Massal para su cultivo en el Al-Ándalus, según documenta la obra Umda del botánico Abu-I-Jayr, fechada entre los siglos XI y XII, estudiada por los investigadores Esteban Hernández Bermejo y Expiración García.4 Con la Edad Moderna, su cultivo se extendió hacia los países del norte de Europa, convirtiéndose en la flor símbolo de los Países Bajos y parte inseparable de su paisaje. También tiene un uso como símbolo nacional en Irán y Turquía. Las versiones tradicionalmente más difundidas sobre el origen del cultivo ornamental del tulipán en Occidente sostienen que este se inició en la importación de bulbos desde el Imperio otomano a través de Centroeuropa desde el siglo XVI. Otros estudios también apuntan a una ruta de introducción en Europa más antigua, desde el Imperio bizantino hacia el Al-Ándalus en la Hispania musulmana. Otra versión indica que el embajador austríaco en Turquía, Ogier Ghislain de Busbecq, quien además fue un floricultor entusiasta, vio tulipanes cultivados en Adrianópolis. En 1544, cuando regresó a Europa, trajo consigo algunos bulbos a los Jardines Imperiales de Viena. Décadas más tarde, en 1593, Carolus Clusius dejó su trabajo en los Jardines Imperiales para tomar el cargo de profesor de botánica en Leiden (Países Bajos), a donde llevó una colección de bulbos de tulipanes que crearon un gran interés y entusiasmo.

Entre 1610 y 1620 en Francia y para 1634 en los Países Bajos, el entusiasmo por cultivar estas plantas bulbosas se transformó en una verdadera fiebre conocida como «tulipomanía». Se vendían posesiones de todo tipo para comprar bulbos de tulipán y algunos tipos raros de esta especie costaban el precio de una granja, una casa o varios caballos. En 1623, un solo bulbo de una variedad famosa de tulipán podía costar hasta 1000 florines —cifra exorbitante si se tiene en cuenta que la ganancia media anual en aquella época era de 150 florines—. Por otro lado, un buen comerciante de bulbos podía ganar 6000 florines por mes. En 1635 se produjo una venta de cuarenta bulbos por 100 000 florines —para propósito de comparación, una tonelada de manteca costaba aproximadamente 100 florines—. Un verdadero récord fue la venta del bulbo más famoso, «Semper Augustus», por 6000 florines en Haarlem. No había suficientes bulbos en el mercado como para respaldar la demanda existente, por lo que la tulipomanía se transformó en una especulación financiera, en la que los inversores compraban y vendían notas de crédito y no bulbos. Este periodo de euforia especulativa dio lugar a una gran burbuja económica y una crisis financiera. Constituye, de hecho, uno de los primeros fenómenos especulativos de masa monetaria de los que se tiene noticia.

El tulipán se cultiva con dos objetivos principales: la producción de flor cortada y la de bulbos secos. Estos últimos se destinan, a su vez, a satisfacer la demanda de bulbos para parques, jardines y uso hogareño y, por otro lado, para proveer los bulbos necesarios para la producción de flor cortada. El comercio internacional de flor cortada tiene un valor global aproximado de 11 000 millones de euros, lo cual provee una magnitud de la importancia económica de esta actividad. El principal país productor de bulbos de tulipán son los Países Bajos, país que concentra el 87 % del área mundial, la cual es de aproximadamente 12 000 hectáreas. Los bulbos de esta especie se producen significativamente en otros 14 países, encabezados por Japón, Francia y Polonia. La mayoría de estos países utiliza los bulbos obtenidos para su propia producción de flor cortada o para abastecer su mercado minorista de bulbos secos. Los Países Bajos, sin embargo, aparte de ser el principal productor internacional de bulbos, es la excepción a esta generalización. De hecho, produce aproximadamente 4 000 millones de bulbos anualmente, de los cuales el 53 % se usan en el mercado de flor cortada y los restantes se utilizan en el mercado de bulbos secos. De los bulbos destinados al mercado de flor cortada, los Países Bajos utilizan el 57 % para satisfacer su mercado interno y el resto lo exporta a varios países, dentro y fuera de la Unión Europea

Para que las floraciones de los tulipanes sean realmente espectaculares, planta los bulbos a una profundidad de 10 cm en tiestos de plástico en otoño, y llene los huevos alrededor del brote con otras plantas que florezcan a principios de primavera. Las macetas en las que habremos cultivado los bulbos pueden ir dentro de otros recipientes ornamentales, colocados a pleno sol para que florezcan. Una mezcla adecuada para maceta debe contener algo de arena, tierra de hoja y perlita, de modo que resulte un suelo suelto, aireado, ligero y bien drenado que, al regarlo con regularidad, no permita que se estanque el agua. Luz: a pleno sol o semisombra. Temperaturas: soporta bien el frío, de hecho, necesitan pasar frío para florecer, de ahí que los tulipanes no sean adecuados para climas tropicales y subtropicales. Humedad: no hace falta pulverizar ni las hojas ni las flores. Suelo: el drenaje del suelo debe ser bueno, ya que no soportan el encharcamiento. El suelo arenoso con abundante materia orgánica es el ideal para el tulipán. La tierra arenosa y el clima húmedo de Holanda resultan ideales para su crecimiento. Importante es siempre comprar bulbos sanos y bien conservados (lugar fresco, seco y sin luz). Plantar los bulbos en otoño; florecerá en primavera. Los tulipanes absorben grandes cantidades de nutrientes del suelo, por lo cual se recomienda no plantarlos dos años seguidos en el mismo sitio. Para lograr un mayor impacto en el jardín, se plantan en macizos. La distancia de separación entre bulbos debe ser de 10 cm, a una profundidad de 7 a 15 cm (3 veces su tamaño) dejando su parte más estrecha mirando hacia arriba. Cuando se planta se puede hacer en un lugar oscuro y más adelante, es aconsejable trasladarlos a lugares más luminosos y con temperaturas más cálidas. Regar abundantemente, sin encharcar.  Abonado: proporcionarle abono granulado una vez cada 30 días. Cuando haya terminado la floración, regar con un fertilizante para plantas de flor. No conviene dejar los bulbos enterrados de un año para otro. Después de la floración sus hojas se marchitan. Hay que cortar el tallo principal, pero no las hojas mientras se mantengan verdes para que el bulbo acumule reservas. Una vez marchitas las hojas, arranque los bulbos, desentierre los renuevos y guárdelos limpios en un lugar seco hasta que llegue la época de plantación. Finalmente se guardan en una caja que contenga arena seca, se ponen con el ápice hacia arriba y se colocan en un sitio que sea fresco y oscuro.  Desgraciadamente, al cabo de un año o dos la floración decae hasta que dejan de florecer. Multiplicación: Cuando desenterramos el bulbo observaremos que a su alrededor hay pequeños "bulbitos" que naturalmente han salido del "bulbo madre". 

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